A principios del siglo XX, la Fábrica Imbabura no era solo un motor económico para Antonio Ante, sino también un crisol de identidad obrera y cultural. En sus pasillos y telares, germinó una conciencia social que encontró en el humor y la crítica su voz más potente.
Fue en este ambiente de camaradería y resistencia donde los trabajadores comenzaron a tejer la trama de lo que sería la Fiesta de Inocentes. Las caretas y comparsas, inicialmente improvisadas, se convirtieron en un espejo satírico de la sociedad y sus contradicciones.
Patrimonio Cultural Inmaterial del Ecuador: Acuerdo Ministerial N° 035, 2007
Este hito oficializa la salvaguarda de la Fiesta de Inocentes como una de las expresiones culturales más valiosas y auténticas del país. Un legado que trasciende generaciones.


El Arte de Crear Caretas Tradicionales
La elaboración de las caretas es el corazón artesanal de la fiesta. Talladores expertos, usando técnicas ancestrales con yeso y almidón, dan vida a personajes que encarnan la crítica social y el humor popular. Cada máscara es una obra única.
Este conocimiento se transmite de generación en generación, asegurando que el alma de la fiesta permanezca viva. Familias enteras se dedican a preservar este patrimonio, manteniendo la identidad anteña a través de cada detalle.
Sumérgete en décadas de fotografías, videos y documentos que narran la evolución de esta fiesta única.


